Turismo: lo público y lo privado.

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05/10/2014 por Josél López

Los que conocemos y queremos la Sierra de Gata y Extremadura nos solemos preguntar como es posible que, siendo España un país líder mundial en turismo, la Sierra y otras comarcas o localidades con similar atractivo de Extremadura, no generen apenas negocio en ese sentido; o lo generen de forma tan ridícula en comparación con otros destinos de interior de Europa que, para colmo, tienen pésimas condiciones climáticas durante una gran parte del año.

En anteriores artículos he desgranado muchas de las razones por las, para andarme sin circunloquios, somos un perfecto fracaso turístico, sobre todo si tenemos en cuenta las increíbles potencialidades con las que contamos. Pese a las lógicas alegrías con las que se manejan las estadísticas oficiales, algo se está haciendo rematadamente mal para que nuestra Comarca no alcance ni un mísero 3% del PIB derivado del turismo cuando en otras zonas con menor potencialidad se sobrepasa el 30%. (La Alberca, sin ir mas lejos)

Son múltiples las causas de este sinsentido, aunque, en general, y según mi opinión, se pueden incluir en dos sub-grupos:

  • La falta de una estrategia global a medio plazo que vincule transversalmente a todos lo actores públicos y privados.
  • La renuncia a actuaciones y políticas que modifiquen el aspecto físico del entorno sacándole todo su potencial visual.

Resumiendo: una mala gestión y una incomprensión de factor estético como condición sine quae non para el turístico.

Pero me reservo para este artículo otro factor de fondo que dificulta enormemente la implementación de cualquier política o acción que mejore la eficiencia turística de nuestra región y por ende de toda Extremadura: la funesta percepción de los sacrosantos límites de lo público y lo privado por parte de los administradores y de los administrados.

Y para que se comprenda mejor empecemos con una imagen:

El río en Valverde del Fresno (Sierra de Gata) y Colmar (Francia).

El río en Valverde del Fresno (Sierra de Gata) y Colmar (Francia).

Como se puede apreciar en el collage, en la parte superior se ve el puente y el río a su paso por la localidad serrana de mayor población (Valverde del Fresno); en la inferior el río y uno de los puentes en Colmar, la localidad mas turística de la Alsacia francesa. Ya se que las comparaciones son odiosas y en este caso no quiero poner en la balanza las razones históricas, demográficas y de todo tipo por las que Colmar es un destino turístico mundial y Valverde… bueno, Valverde es Valverde. Porque lo que de verdad quiero ilustrar con estas imágenes es una de las causas profundas por lo que las políticas turísticas de Sierra de Gata y de Extremadura fracasan tan estrepitosamente.

Sin ser ningún experto, cualquiera puede apreciar que en la imagen de Colmar hay coherencia, uniformidad estética y ornamentalidad, mientras que en la de Valverde no. En la primera imagen, se aprecia a simple vista que la realidad urbana de Valverde carece de cualquier planificación, estilo arquitectónico definido, elementos ornamentales o tratamiento paisajístico del cauce y entorno fluvial. En Colmar ocurre todo lo contrario. El desastre serrano pone de manifiesto la falta de planificación, control y respeto a la tradición o la Naturaleza, es mas, casi parece premeditadamente despreciar y huir de todos esos factores.

Pero, miremos un poco mas en profundidad la imagen de Colmar y podremos llegar a comprender la verdadera causa por la que la localidad francesa es turística y la serrana no: todos los sectores implicados, públicos y privados, colaboran en el embellecimiento de la población. A simple vista se ve que, los responsables del río (el equivalente a nuestra CHT), los propietarios de los edificios y el Ayuntamiento, hacen un estupendo trabajo conjunto para conseguir que Colmar sea una “imagen de postal”. A fin de cuentas, el turismo -hoy mas que nunca- es una buena fotografía, un escenario de cine, un “selfie” con magnífico fondo o una foto en Facebook que alimente la envidia del resto de amigos.

En la imagen de Valverde se delata con rotundidad, no ya la falta de colaboración, sino el absoluto desprecio de las partes públicas y privadas por la estética, la tradición o el turismo: los particulares construyen a su albur, en el propio cauce dejado de la mano de Dios, con los materiales mas feos que encuentran y sin ningún criterio, la compañía eléctrica lanza sus cables cual Spiderman neurótico llenando el paisaje urbano de telas de araña que enfatizan su abandono, la Confederación Hidrográfica entiende el río como un caudal de agua sin el menor matiz estético, para ellos es poco mas que una tubería o, peor aún, una cloaca que no merece la pena limpiar y mucho menos embellecer y, el Ayuntamiento, contempla con indiferencia este absurdo “Laissez faire, laissez passer” que tiene arrinconada en la pobreza a una de las regiones con mayor potencial de turismo de interior de toda Europa. Así de triste y así de absurdo.

Por mucho que nuestros pueblos nos evoquen la imagen idílica grabada a fuego en nuestro imaginario colectivo a base de buenos recuerdos y grandes momentos de tiempos pasados, cualquier turista que piense visitarnos y utilice (como suelen hacer) los potentes rayos x de Google Street View, encontrará una terrible realidad mas parecida a los arrabales de Bucarest en la época de Ceaușescu que a los preciosos folletos que se reparten en FITUR. Y claro, no vendrán o, si vienen, no volverán muy contentos.

Siempre que he planteado a la administración pública relacionada con el turismo actuaciones globales que mejoren el conjunto estético de nuestras localidades y paisajes, los políticos plantean como obstáculo la imposibilidad de que la Administración pueda intervenir directamente en el aspecto de la propiedad privada. Deben pensar que las localidades turísticas surgen por acción del Espíritu Santo, que, con sus lenguas de fuego, ilumina simultáneamente a la totalidad de la población y a sus políticos imprimiendo un mágico carácter estético y colaborativo. Y no es así. Los pueblos y ciudades con éxito turístico tienen todos, indudablemente, una materia prima, pero, sobre todo, han implementado un plan a medio plazo en el que se involucran la totalidad de los actores. Y muchos de ellos no lo hacen por gusto, ya que el éxito turístico también genera incomodidades y servidumbres. Pero existen mecanismos legales, impositivos y educativos mas o menos coercitivos, mas o menos incentivadores, que terminan imponiendo la total participación del ciudadano. En Europa existen, en España a penas se usan y, en Extremadura, podrían implementarse si hubiera verdadera voluntad de hacerlo. Y hablo de mecanismos como el Convenio Europeo del Paisaje -que permitiría legislar en el ámbito del paisaje tanto rural como urbano-, hablo de la Ley 16/2012 que faculta a los entes locales a bonificar, hasta en un 95%, los impuestos de Bienes Inmuebles, Actividades Económicas, Construcciones y Obras cuando haya una utilidad pública que lo justifique, como es el caso del turismo. Hablo de herramientas como la TV pública, para difundir y premiar el adecentamiento turístico de las poblaciones, hablo de educación en los colegios y hablo, en definitiva, de nada que no se haya ya inventado, de lo que se hace en todas las localidades y regiones que triunfan en el turismo.

Se puede conseguir un casco urbano adecentado, sin pintadas, lleno de flores y negocios con esas mismas fórmulas; hacerlo es tan sencillo como quererlo y no le supondrá ni al ciudadano ni a la administración un coste extraordinario. Si, es posible que el primer año el ayuntamiento recaude algo menos como consecuencia de desgravar a aquellos que lo han hecho bien y, a algunos ciudadanos, le salgan algo mas caros los impuestos si no han actuado y, con ese extra de impuestos, ha acometido el Ayuntamiento el coste del adecentamiento pero, pasado ese año, una pequeña desgravación municipal será suficiente para el mantenimiento y se verá claramente recompensada por el incremento de negocios, obras, licencias y actividad económica. Y lo mismo se podrá hacer con lo cables, con la iluminación, con los márgenes de las carreteras, los cauces y riberas y con la señalización turística. Si se quiere, se puede.

En sentido contrario, la intervención del particular en el dominio público, ocurre algo parecido aunque todavía mas dramático. Veamos otra imagen.

Bibury-England

 

La fotografía pertenece a Bibury, una población de menos de 1.000 habitantes considerada como una de las mas turísticas del Reino Unido. De nuevo las comparaciones son odiosas, pero, bien mirado, nada en esa imagen me parece que fuera imposible de conseguir en Sierra de Gata, digo mas, sería tan fácil como ponerse a hacerlo, apenas hay en la escena mas inversión que unas plantas nada sofisticadas y algo de mantenimiento. Pero si hay mucho empeño, mucho sentido estético y mucho amor por lo local. Pero, lo que quería ejemplificar es que la fotografía muestra de nuevo una absoluta simbiosis estética entre lo público (la carretera y el regato) y lo privado (las casas). Si en Bibury entendieran el concepto público-privado como lo entendemos en Extremadura, por muy bonitas que los propietarios tuvieran las casas, los márgenes de las carreteras estarían llenos de basuras y escombros, los márgenes del río repletos de zarzales y árboles muertos y el cauce obstruido por el crecimiento de alisos que absorberían gran parte del caudal. Y es que, mientras que en Extremadura el particular no puede tocar lo público so pena de multa, en Bibury pueden y deben mantener el impecable aspecto del paisaje teniendo todas las facilidades y ayudas por parte de la Administración para cuidar y mantener los márgenes de las carreteras y el río. Todos, administradores y administrados trabajan unidos en la consecución de un objetivo que les permite generar una inmensa riqueza y satisfacción.

En resumidas cuentas, si para poder hacer del turismo una herramienta económica de prosperidad hay que actuar sobre la realidad del paisaje rural y urbano, y dicho paisaje incluye partes públicas y privadas, es imprescindible derribar las barreras legales que permitan a la parte pública ordenar el aspecto de lo privado y a la parte privada colaborar en el embellecimiento y mantenimiento de lo público.

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