Sierra de Gata: movilidad, transporte y comarca.

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24/05/2014 por Josél López

El gata-bus

En el último artículo que publiqué relacionado con el turismo de esta comarca, hacía hincapié en el problema que supone para nuestro desarrollo el carecer de una estrategia turística comarcal que comprendiera la Sierra como un ente único y olvidara la actual gestión independiente de cada localidad.

Al hilo de ello, considero un ejercicio interesante reflexionar sobre esa forma de entender la política local, y sus consecuencias en otros ámbitos que no estén, al menos directamente, relacionados con el turismo. Y es que, aunque no lo parezca, el matiz de entender la gestión de Sierra de Gata como “comarca” o como “pueblos”, puede tener dramáticas consecuencias para nuestro futuro.

Si la política es, en resumidas cuentas, la forma de gestionar lo mejor posible los recursos públicos en beneficio de las personas que habitan un determinado territorio, no sería baladí analizar en primer lugar quienes son esas personas, cómo son y cuales sus circunstancias.

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Evolución población en Hoyos 1900-2013

Así, nos encontramos con una población global en la Sierra de algo mas de 23.000 almas si incluimos Moraleja o 16.000 si excluimos esta población (a nadie se le escapan las diferencias cualitativas y cuantitativas de esta población respecto al resto de la Comarca así como las tensiones creadas por su pertenencia o no a diferentes organismo locales). El conjunto de esta población se encuentra disperso en un territorio que no dista mas de 50 Km. entre los dos puntos mas alejados y concentrados en unas 20 localidades que agrupan una media de unos 500 vecinos. La edad de sus habitantes es normalmente muy alta y, el indice de natalidad (salvo excepciones) es bajo. La situación económica es mala, con un alto indice de paro, especialmente entre la gente mas joven; también hay una fuerte tendencia al abandono de la Comarca, ya sea temporal o de larga duración, en busca de mejores oportunidades laborales y de calidad de vida. El retroceso demográfico es en, general, muy acusado y las perspectivas, de no cambiar las cosas, ofrecen un desolador panorama de despoblación dramática de la Sierra en un plazo inferior a 30 años. La vida, no se puede estirar. Un síntoma evidente de ello es la práctica despoblación de los núcleos rurales fuera de las poblaciones y los cascos históricos de todos nuestros pueblos en estado “fantasma”. En resumen, podemos decir, que, de no cambiar las cosas, en menos de medio siglo, muchos de los pueblos de la Sierra están abocados a su desaparición.

Está claro que no podemos alargar la vida de los mas mayores para fijar la población de la Sierra, tampoco podemos obligar a engendrar a las parejas fértiles para garantizar el censo demográfico; el único márgen de actuación para invertir la situación consistiría en mejorar la calidad de vida, la economía y el atractivo de nuestros pueblos con el objeto de evitar la emigración de los residentes con capacidad de engendrar y atraer nuevos habitantes. Aunque suene excesivamente “biológico” el problema de fondo es ese.

Sobre la forma de atraer nuevos pobladores a la Sierra ya he escrito largo y tendido en artículos anteriores múltiples medidas que son atractivas, fáciles de implementar y financieramente viables. Son tan obvias que a buen seguro caerán en saco roto. Por eso, en esta exposición quiero centrarme en medidas locales para fijar la población de Sierra de Gata. Y quiero “experimentar” con una de ellas “LA MOVILIDAD”, pero contemplada desde un ámbito geográfico verdaderamente comarcal.

Muchos de los problemas endógenos de la Sierra de Gata vienen de el tamaño relativamente pequeño de los pueblos: en una población de, pongamos, 300 habitantes, es difícil (por no decir imposible), montar un negocio de ámbito local que genere beneficios suficientes para garantizar su éxito, máxime, cuando el nivel económico de la población es bajo. Las personas jóvenes, y no tan jóvenes, sin edad para tener vehículo propio o, sin recursos económicos para tenerlo, se sienten literalmente “presas” en sus pueblos, lo cual es comprensible y, esperan la menor oportunidad para poder establecerse por el medio que sea en localidades con mayor número de habitantes como Moraleja, Coria, Plasencia, Cáceres o mas allá. Por mucho que Internet haya mejorado la comunicación inter-personal, la comunicación directa tiene, por suerte, mas atractivo.

Si analizamos las características de una “localidad tipo” de Sierra de Gata, veremos que entre los que son jóvenes y no tienen o no se pueden pagar y mantener un vehículo, los que teniendo edad para hacerlo no lo pueden hacer por falta de medios, y los que son mayores y no se encuentran capacitados para hacerlo, hay un altísimo porcentaje de la población que carece de posibilidades de desplazamiento autónomo. Si a eso le sumamos que los desplazamientos en vehículo propio relacionados con el ocio están limitados y penalizados en la medida que incluyan la ingesta de un par de cervezas, el panorama de la movilidad privada es realmente dramático. Vivimos en España, donde tradicionalmente las reuniones con otras personas van intrínsecamente unidas a una caña, un vino o una copa. Lo que hace poco era lo “normal” hoy se ha convertido en algo políticamente incorrecto y duramente sancionado. Por unas cosas o por otras, mas de un 60% de la población están literalmente recluidas a la fuerza en sus pueblos. Con ese panorama es normal que los jóvenes huyan, que los negocios no se instalen por inviables y que los ancianos limiten sus viajes a desplazamientos en ambulancia al hospital de Coria.

Otra consecuencia perversa de esta falta de movilidad es el efecto “pez grande come al pez chico“. La inviabilidad de los negocios en poblaciones pequeñas hace que estos se concentren en las mas pobladas (Valverde, Moraleja o mas allá) y, mientras que estas poblaciones se mantienen o crecen, las demás de van despoblando en una terrorífica espiral demográfica que se retro-alimenta.

Si existiera movilidad entre los habitantes de la Sierra todo esto cambiaría: un pequeño negocio en Villamiel podría ser rentable porque sus potenciales clientes no serían 600 si no 23.000; un joven de Descargamaría podría tomar unas cañas con sus amigos en Hoyos, la pista de padle de Acebo podría ser usada por chavales de Villasbuenas, o las amas de casas de Cilleros podrían asistir al mercadillo horti-frutícola de Hoyos. La movilidad de los habitantes permitiría la diversidad, especialización y excelencia de los centros públicos y privados de ocio, deporte, cultura, salud y administración, etc, multiplicando por 15 su eficiencia y rentabilidad.

Durante un tiempo viví en un pequeño pueblo del sur de Inglaterra de apenas 3.000 habitantes. Yo, como toda la población, usábamos a diario, por un módico precio, el transporte de autobús y tren para movernos por todo East Sussex como si fuera una única localidad. Las pequeñas poblaciones inglesas no pierden habitantes.

Si la Sierra de Gata se gestionara como una Comarca, y no como un conjunto de pueblos independientes, la movilidad de sus vecinos sería un elemento clave de su gestión. El transporte de los vecinos entre las diferentes localidades sería la sangre que alimentara la Comarca y daría sentido a cualquier política cambiando el concepto actual de los servicios públicos y privados que utilizan los ciudadanos. Si hoy no hay movilidad es que no hay un gobierno comarcal ya que ello sería su verdadera esencia. ¿Alguien se imagina una ciudad como, por ejemplo Madrid, donde mas de le 60 % de sus habitantes no pudieran abandonar la manzana donde viven salvo por fuerza mayor? Eso es exactamente lo que ocurre en la Sierra, muchas de sus localidades tienen menos habitantes que la manzana de viviendas de una ciudad y viven, en la práctica, recluidas en ellas.

Tener un transporte público intercomarcal eficiente puede se caro, pero es que, también esa falta de visión verdaderamente “comarcal” de los gestores públicos, provoca, además de un deterioro de la calidad de vida de los habitantes, un inmenso coste de dinero público por activa y por pasiva: por activa ya que hay que multiplicar por 15 todas las instalaciones, y por pasiva porque genera ineficiencia en la iniciativa privada con la consiguiente paralización de la actividad económica. Y lo que es peor, porque sin movilidad, nos estamos haciendo un rápido “harakiri” demográfico. Si los pueblos permanecen aislados, perderán su población.

El transporte público es caro y normalmente deficitario, pero, como decía antes es la sangre de la economía. Si en una ciudad, donde todo esta muy cerca físicamente, existe transporte público porque es imprescindible, ¿puede concebirse un ente comarcal de 23.000 habitantes repartidos en 15 núcleos y que carezcan de él?. Es caro, pero, si por ejemplo el bono mensual costara 10 € y se lo utilizaran una cuarta parte de los habitantes, hablaríamos de unos ingresos fijos para el S.C.T.S.G (Servicio Comarcal de Transportes de Sierra de Gata) de 60.000 € al mes, que no dejan de ser 10 millones de las añoradas pesetas: 720.000 € al año…

Comentando estas ideas con algún serrano, me comentaba que, sería muy demandado por las poblaciones pequeñas, pero que, para los responsables de los municipios mas grandes, no resultaría económicamente atractivo. Pero, yo me pregunto ¿Acaso a todas las tiendas, bares, y negocios en general de Moraleja no les interesaría dar acceso a su municipio a 16.000 clientes potenciales que están muy cerca pero que ahora no pueden “bajar”? Es cierto que aunque los usuarios del servicio de transportes serían mas los de fuera de Moraleja, en términos económicos sería una de las poblaciones mas beneficiadas; dejando aparte el hecho de que también muchos moralejanos tendrían una nueva vía a lugares con mucho atractivo de la Sierra. ¿O acaso no sería atractivo subir un sábado a comer a San Martín de Trevejo, tomarse unos vinos y volver por la tarde en el autobús? Todos ganaríamos.

Por otra parte, las nuevas tecnologías permiten transportes públicos mucho mas eficientes en la medida que se pueden hacer mas “a la carta” mediante aplicaciones móviles en los smartphones de los usuarios o, en las propias paradas, que permiten, en tiempo real, optimizar las paradas e itinerarios en función de la demanda real.

Un último apunte sobre el coste del transporte público comarcal y su encaje en la mente de un gestor público: el AVE a Extremadura va a costar (si no hay desviaciones en el presupuesto del 300%) la friolera de 3.829 millones de €. En pesetas supera ampliamente el medio billón con “b” de “bestialidad” con la se conseguirá algunos viajeros ahorren un par de horas en desplazare de Madrid a Plasencia, Cáceres, Mérida o Badajoz y viceversa; 4 ciudades cuya demanda de transporte no justifica una inversión que, por ejemplo, permitiría mantener un transporte público intercomarcal rápido, cómodo y eficiente en toda Extremadura durante los próximos 50 años y generaría una tremenda riqueza, felicidad y subsitencia de los núcleos rurales llamados hoy en día a desaparecer.

Si somos una comarca deberíamos gestionarnos como tal; los verdaderos problemas y retos que debemos afrontar no son locales, son comarcales. Deberíamos sentarnos a pensar estrategias a largo plazo que asuman nuestra realidad, nuestro futuro, nuestra supervivencia.

 

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Un pensamiento en “Sierra de Gata: movilidad, transporte y comarca.

  1. Óscar Cañero dice:

    Qué post más bueno… y útil.

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