Convenio Europeo del Paisaje

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23/02/2014 por Josél López

Cabezuela del Valle

¿Cuantos visitantes atraería este cartel?
Pues es el que ven todos los turistas antes de decidir su destino. Imagen de Google Street View.

Sería por el año 2006 cuando, en FITUR, tuve la ocasión de charlar un rato con el entonces Director General de Turismo de Extremadura Leopoldo Gutiérrez. Debo admitir que no me costó ningún trabajo conseguir el encuentro, porque para algo somos primos hermanos y muy bien avenidos. Le manifesté sin tapujos y de palabra, lo que ya le había relatado por escrito en una de mis largas y aburridas cartas: que el deterioro del paisaje en Extremadura era alarmante. Y no me refería al paisaje “con mayúsculas”, sino a ese pequeño y cercano paisaje que vemos al transitar por las carreteras y caminos. Precisamente, ese paisaje que, sin poder compararse con los los sitios emblemáticos que sacamos en las postales como Monfragüe o el Castañar de San Martín, es el mas transitado, el mas visto y el que mas dice de nosotros. Le insistí en el despropósito que supone para el turismo que lugares como Plasencia, Galisteo o nuestra Coria natal, aun teniendo un magnífico casco intramuros, están rodeadas por una periferia mas bien propia de una arrabal tercermundista infestada de zarzas, neumáticos, somieres, muros medianeros espantosos, escombros, cubos de basura, construcciones chabolísticas y demás elementos distorsionantes de la armonía visual. Estamos tan acostumbrados que ya ni lo vemos, pero ahí están restando puntos a nuestro encanto y tirando por tierra cualquier labor promocional de nuestros destinos turísticos. Leopoldo me escuchó atentamente y me contestó: – Es verdad, hay muchas cosas que estropean el paisaje, pero ¿Quien soy yo para decirle a nadie lo que puede o no puede hacer en su propiedad privada?. Yo le contesté que era el Director General y que, algo podría hacer. Y ahí quedó la cosa.

Y yo me seguía preguntando por qué ni en Inglaterra, ni en Francia, ni en Suiza o en la Toscana se veían esos paisajes degradados y aquí sí…

Pasado el tiempo debo admitir que, por mucho que me fastidiara, tenía razón. El Director General de Turismo carecía de competencias directas en la ordenación del paisaje. Pero, por poco: Leopoldo dejó su cargo en 2007 y, el 1 de Marzo de 2008 entró en vigor en todo el territorio nacional el Convenio Europeo del Paisaje que había sido ratificado tres meses antes por S.M. el Rey y el entonces Ministro de Asuntos Exteriores Miguel Ángel Moratinos.

El Convenio es bastante breve y conciso pero, en apenas 5 folios, es capaz de concretar un fenomenal instrumento jurídico que reconoce el valor patrimonial, natural y económico del paisaje y cuya protección, gestión y ordenación, implica derechos y responsabilidades para todos. El documento define el paisaje como la percepción del territorio que percibe la población y que es fruto de la interacción entre el hombre y la Naturaleza. El paisaje es todo lo que se ve y, cuanto mas se ve, mas paisaje es, cubriendo no solo las áreas naturales y rurales, si no también las urbanas y periurbanas. Es decir amplía su ámbito mas allá de lo populares paisajes excepcionales que antes mencionábamos a aquello cotidianos, incluso a los degradados.

El Convenio deja a criterio de cada país la forma concreta de aplicación en base a sus normas constitucionales y su reparto compentencial dentro de cada territorio, pero, lo cierto, es que obliga a reconocer el paisaje como elemento fundamental, definir y aplicar políticas destinadas a la protección del mismo, establecer mecanismos de participación pública e integrar las políticas del paisaje en la normativa territorial, urbanística, cultural, medioambiental, agrícola, social, económica y “cualquiera otra que pudiera tener impacto directo o indirecto sobre el paisaje”. Además, obliga a medida concretas para, en relación al paisaje: sensibilizar, formar y educar, identificar los paisajes, hacerles seguimiento, etc, etc…

El Estado central no ha hecho nada al respecto, por desidia o por que confunde paisaje y urbanismo, siendo este último competencia autonómica, y, Extremadura, tampoco ha implementado en estos 7 años, prácticamente, ninguno de los compromisos a los que el Convenio obliga. Así, por una u otra razón, seguimos sin disponer de una herramienta normativa que permita la ordenación, protección y gestión de la materia prima con la que se hace el turismo: el paisaje. Y es que, gestionar el turismo sin tener el menor control sobre el paisaje tiene que ser algo así como pilotar un barco sin timón y con los ojos vendados.

Curiosamente España es el tercer destino turístico internacional, con mas de 60 millones de foráneos recibidos en 2013. Ese dato confunde a nuestros responsables de política turística que piensan que, “Si España es líder mundial en turismo sin aplicar apenas normativa paisajística, será que esta no es tan importante…” Y, efectivamente, para el turismo de “Sol y Playa” (que es el 90% de nuestro turismo) no lo es. O al menos no es una cuestión crítica. Para ese tipo de turismo es suficiente una buena posición geo-estratégica, buenas comunicaciones, alojamientos dignos, precios baratos, mucho sol y mucha playa; y de eso si tenemos en abundancia. Pero para el turismo de interior (aunque no me guste el término) no es así. Prueba de ello es que, de los mas de 60 millones de turistas, a Extremadura, siendo supuestamente tan atractiva, no han venido el año pasado ni un 0,3 %.

¿Que es lo que ocurre? Pues que el turismo que no es de “Sol y playa” busca una actividad de ocio, cultura, naturaleza. gastronomía, etc en un entorno atractivo, novedoso y con características propias. Cualquier elemento perturbador de ese entorno “deshace” literalmente la magia del lugar y “tira por tierra” su atractivo turístico: Una ristra de cubos de basura multicolores a la puerta de un monumento o, una chatarrería a la entrada de un supuesto lugar de interés turístico, causan el mismo efecto negativo que una bella modelo a la que le falta un diente bien visible, un político con una cuenta en Suiza o, una película de romanos donde los soldados llevan relojes de pulsera. Nadie va a recorrer miles de kilómetros si la puesta en escena supuestamente atractiva tiene fallos garrafales. En Extremadura todos nuestros romanos llevan relojes, iphone y hasta zapatillas de deporte.

Hasta hace unos años a lo turistas se les podía engañar visualmente: un buen folleto, una bonita postal con un balcón florido, un vídeo con parajes idílicos y una buena música eran suficientes para atraer a los incautos. Hoy en día, aunque institucionalmente se siga insistiendo en ello, no. Todos conocen el dichoso muñequito amarillo de Google Street View y pueden lanzarlo sobre cualquier punto de Europa pudiendo examinarse metro a metro todas nuestras carreteras y calles. Así, y por hacer una prueba no dañina para Sierra de Gata, arrojemos el monigate amarillo sobre una de las “Tryp Roads” mas famosas de Extremadura, uno de nuestros recorridos turísticos mas transitados: la carretera N-110 que atraviesa el Jerte desde Plasencia a Tornavacas, donde miles de turistas disfrutan cada año de la famosa floración del cerezo. ¿Que vemos?

Naves industriales, cooperativas cereceras y de todo tipo con restos de cajas rotas y bidones sucios, escombreras, casas en mal estado, aceras inexistentes con personas pasando a centímetros de los coches, vehículos aparcados en lugares inverosímiles por falta de aparcamientos, zarzas, paredes de piedra caídas, ladrillos mezclados con bloques de hormigón, pavimentos agrietados, señales torcidas… Y no me invento nada, todo eso lo he visto en un trayecto de apenas 10 Km. Eso lo puede ver y, seguramente lo verá, cualquier turista antes de decidir desplazarse al Jerte. Peor aún: lo verán los que se hayan desplazado cientos o miles de kilómetros atraídos por los reclamos promocionales. Eso contradice los folletos, las postales, los vídeos y perjudica enormemente la inversión y esfuerzo en promoción. Eso estropea el grado de satisfacción del turista y empobrece su experiencia. Eso no es lo habitual en el resto de Europa. Y hemos puesto el ejemplo de uno de los “tramos visuales” mas famosos de Extremadura. Pero se puede lanzar el muñeco amarillo sobre cualquier otro punto y el resultado será igual o peor.

Llevamos 7 años perdidos en la implantación de una herramienta imprescindible para la puesta en valor de nuestra tierra y para el desarrollo turístico y por ende económico de Extremadura. De nada sirve invertir 11 millones de euros en Hospederías si, por ejemplo, el mayor valor añadido que tiene la de San Martín, que es el camino que sale desde su misma puerta y atraviesa uno de los bosques de castaños mas atractivos de Europa, está plagado de verjas pintadas de  azul chillón, construcciones que parece chabolas, algún somier, antiguos molinos de aceite en ruinas comidos por las zarzas… La mitad de la inversión que se va a hacer en el para rehabilitar con un uso desconocido (quizás un gimnasio) la “Casa del Hortelano” sería mil veces mas productiva limpiando, señalizando, adecentando ese camino y su entorno. Por que eso, si que no lo tiene nadie.

A día de hoy se da la paradoja de que no hay control posible sobre el aspecto de la propiedad privada. Así, aunque por ejemplo, se invirtieran en Trevejo unos miles de euros para adecentar y mejorar los accesos al castillo, yo podría llenar el solar que tengo a la entrada del pueblo con todo tipo de chatarra destruyendo de un plumazo el efecto de cualquier inversión pública o privada para mejorar su aspecto. Este fenómeno se da de hecho en la mayoría de nuestros pueblos. Con un desarrollo, aunque fuera suave, del Convenio Europeo del Paisaje, todos estos desmanes se podrían evitar; y no tanto por lo que su aplicación puede tener de sancionadora, como por lo que tiene de educativa. La calidad del paisaje es algo que no percibimos. porque no la tenemos. En el momento que se implantara, una acumulación de escombros a la entrada del pueblo llamaría tanto la atención como lo hace hoy un fumador en un bar. Algo impensable hace tres años.

coelum inferos

EL DERECHO AL SUELO Y EL DERECHO AL PAISAJE.

El Gobierno de Extremadura debe acometer la urgente implementación del Convenio Europeo del Paisaje ya que no hacerlo sería renunciar al mejor, al único y al obligatorio instrumento que tiene en sus manos para una gestión eficaz del que podría ser el principal motor económico emergente de Extremadura: el turismo.

En la actualidad la Diputación Provincial está promoviendo la creación de un Parque Cultural en Sierra de Gata con el apoyo de otras instituciones. Claramente se mira a la Dirección General de Turismo como una posible fuente de financiación para el proyecto, sin embargo, la verdadera aportación de valor que se podría hacer desde la Junta sería la de dotar al Parque de una normativa paisajística que permitiera dotarlo de efectividad. Sería un buen ensayo general para una extensión al resto del territorio. Y es que el Parque Cultural perdería el 90% de su potencialidad turística si carece de herramientas para regular, proteger y gestionar el primer recurso de la Comarca: su paisaje.

De no hacerlo la Junta, podría y debería asumir esa competencia la administración local representada por la Mancomunidad y con el apoyo técnico-jurídico de la Diputación Provincial. Contaría con innumerables ayudas por parte de la Comunidad Europea, especialmente si, como dice el art. 9 del Convenio, se realizara un programa transfronterizo en materia de paisaje.

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